Friday, January 28, 2011

Cuidado:¡Es Fácil Falsificar El Cristianismo! by Francis Frangipane

Nuestra experiencia del cristianismo tiene que ir más allá de ser otra interpretación de la Biblia; tiene que expandirse hasta que nuestra fe en Jesús y nuestro amor por él se conviertan en un pararrayos de Su presencia.

Examine Todas Las Cosas
“Examínenlo todo; retengan lo bueno” (1 Tesalonicenses 5: 21). ¿Compraría usted un vehículo sin haberlo conducido? ¿O una casa sin haberla visto antes? Desde luego que no. Sin embargo, muchos de nosotros aceptamos varios “planes de salvación” que en realidad no nos salvan de las penas del infierno. Permaneciendo enfermos en el egoísmo y el pecado a pesar del hecho cierto de que Jesús vino a darnos vida en abundancia. Un automotor, puede parecer hermoso, pero en el caso del auto, si no nos transporta en la ciudad, mucho menos podemos confiar que lo haga en las carreteras.

 De igual manera, si nuestro cristianismo no funciona aquí, en donde podemos probarlo, es una temeridad confiar que nos llevará con éxito a la eternidad en donde, si no pasamos la prueba, sufriremos la separación eterna de Dios.

No obstante, con esto no quiero decir que a menos que cada doctrina que creemos y cada interpretación que hacemos sean perfectas, seremos rechazados en el cielo. El cristianismo es un asunto más del corazón que de la cabeza. Es más una madurez del amor, que del conocimiento. La prueba de la verdad no es una búsqueda intelectual sino si hay un acercamiento, semana tras semana, hacia el conocimiento del amoroso Jesucristo.

Al mismo tiempo no debemos temer que nuestra fe sea probada. Como bien lo dice el apóstol Pablo: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13: 5).

El poder y la persona de Jesucristo están en nosotros; creer en El es llegar a ser, progresivamente, como El. Como está escrito: “... como Él es, así somos nosotros en este mundo” (I Juan 4: 17). Sin embargo, si hemos sido adoctrinados para creer que el reino de Dios y el cristianismo no tienen que realmente funcionar, o si la carencia de santidad y poder no nos preocupa, algo está seriamente mal con nuestro concepto de verdad.

 Debemos buscar respuesta a tres preguntas muy importantes: Primero: ¿Es efectiva mi fe? No censure o descarte esta pregunta. Pregúntese con sinceridad si sus oraciones están obteniendo respuestas y si su vida se está volviendo piadosa.

Segundo: Si mis doctrinas o creencias no funcionan, ¿por qué es? Tal vez su teología está bien pero usted es perezoso. Tal vez necesita apagar la televisión y dedicar ese tiempo en cambio a buscar al Señor. O tal vez es usted muy ferviente pero ha sido erróneamente enseñado. De cualquier manera, debe descubrir por qué las cosas no están funcionando para usted.

Y tercero: Si vemos el fruto y el poder del Espíritu Santo revelado en la vida de otra persona, ¿cómo recibieron ellos tal gracia de Dios? No tenga temor de sentarse, como discípulo, bajo el ministerio ungido de otra persona. La Palabra de Dios nos dice que “El que recibe a un profeta por cuanto es profeta, recompensa de profeta recibirá” (Mateo 10: 41). Dios concede “recompensas” de impartición, conocimiento y otros dones espirituales a Sus siervos. Aprenda de aquellos cuya fe produce resultados.

La prueba final de cualquier conjunto de doctrinas se ve en el tipo de vida que producen. Como está escrito “el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:5-6). El persistente caminar con Cristo producirá una vida como la de Cristo. Andaremos, “como el anduvo” con santidad y poder.

Sin embargo, el hecho es que si el “dios” de algunas de nuestras religiones cristianas muriera, la mayoría de miembros de estas iglesias estarían aun espiritualmente muertos o demasiado ocupados como para notar su ausencia. Muy a menudo los cristianos aceptan las enseñanzas “por fe”, pero no por fe en el Dios vivo, sino fe en que las doctrinas y enseñanzas de su iglesia son correctas. Inconscientemente esperamos que quien sea que nos esté enseñando, no esté en un error.

El Poder de Una Vida Piadosa

Esta lección no está dirigida a la “gente mala” o a los pecadores; es para todos nosotros quienes hemos pensado que ser agradables o amables era lo mismo que conocer la verdad. Pero no es así. Podemos darle gracias a nuestros padres por habernos enseñado a ser personas buenas, pero si hemos de conocer la verdad, entonces tenemos que buscar a Dios y estar dispuestos a obedecerle.

 En Mateo 24 Jesús advirtió cinco veces contra el engaño que imperaría en los últimos días (versículos 4, 5, 11, 23, 24, 26). Si tales advertencias no nos preocupan aunque sea un poquito, es solo porque conservamos nuestra ignorancia con arrogancia, presumiendo que nuestras ideas son correctas tan solo porque son nuestras. Existen en la vida de todos nosotros áreas que necesitan corrección. Y a menos que podamos ser corregidos, a menos que estemos buscando una revelación progresiva del Hijo de Dios, nuestra llamada “fe” puede ser, en realidad, solo una perezosa indiferencia, un engaño en relación con las cosas de Dios. Inconscientemente, en realidad podríamos querer solo una religión muerta para no tener que cambiar.

Seguro que sí; debemos aceptar muchas cosas por fe. Pero fe no es extender ciegamente nuestra mano para que otro ciego nos guíe. No es una excusa para justificar doctrinas impotentes. La verdadera fe va acompañada por el poder de Dios.

El Poder que Hay en La Santidad
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres... que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (2 Timoteo 3: 1, 6). La santidad tiene poder. ¿Ha conocido alguna vez a un hombre o una mujer verdaderamente santo? Hay poder en su piedad. Pero para quien no ha conocido nunca a una persona que es semejante a Cristo, resulta sencillo falsificar el cristianismo. Recuerde siempre esto: la falsedad resulta ser algo natural en el corazón humano, y es solo con esfuerzo que logramos ser veraces y auténticos. A menos que estemos procurando alcanzar la madurez espiritual, La percepción que tengamos de Dios, será moldeada por nuestra inmadurez. Señalamos al todopoderoso y decimos: “Él ya no demanda que seamos piadosos”, cuando en realidad somos nosotros quienes hemos abandonado las normas de Su reino. Tenga por cierto que en el momento en que dejamos de obedecer a Dios, comenzamos a falsificar el Cristianismo.

Y a medida que maduramos comenzamos a darnos cuenta que el Espíritu de Cristo está realmente en nosotros. La cruz emerge de la palabra escrita, se levanta ante nosotros y somos confrontados con nuestros propios Getsemaní, o nuestros propios Gólgota, - pero también con nuestras propias resurrecciones mediante las cuales ascendemos espiritualmente a la presencia real del Señor.

Con el apóstol Pablo podemos decir: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2: 20).

¡No se permita ser engañado! Responsabilice a su teología de la demanda de obrar su salvación eterna, porque depende de ella! Si Cristo mora en nosotros, debemos estar viviendo vidas santas y con poder. No existe ninguna excusa. Si no somos santos, o si no hay poder en la piedad que hay en nuestras vidas, no culpemos a Dios. Como está escrito: “...sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Romanos 3: 4). Perseveremos en buscar a Dios hasta que lo encontremos, hasta que descubramos “lo que todavía nos falta” (Mateo 19: 20-21) Prosigamos “...hasta asir aquello para lo cual fuimos también asido por Cristo Jesús” (Filipenses 3: 12).

¿Por cuánto tiempo debemos continuar buscando al Señor? Si gastamos toda nuestra vida y energías para conseguir tres minutos de genuina semejanza a Cristo, la habremos invertido bien. Diremos como el anciano Simeón: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación” (Lucas 2: 29-30). No queremos solo una aprobación mental a la doctrina cristiana; queremos ver, tener contacto con, y vivir en la realidad vital y experimental de la presencia real de Cristo. En el momento en que nos conformamos con algo menos, nuestro cristianismo comienza a ser una falsedad.

No comments:

Post a Comment

Please click Follow above to follow blog

Note: Only a member of this blog may post a comment.